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RITO,
desde el lector.

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Después de leer tu libro y analizarlo de una forma superficial, atendiendo a la profundidad del conjunto, es decir, el contenido escrito y artístico, me siento en la obligación de mostrar mi humilde crítica a quien ha transmutado el plomo en oro. 

 

Está claro que podría enviarte un mensaje rápido a través de instagram, carente de la delicadeza que se merece tu obra y más propio de un fan, en el que te felicite y te diga que eres lo más, cayendo en las actuales formas que, a mi modo de ver, son tan aburridas  y ordinarias como una conversación sobre el tiempo con un desconocido.  Lejos de lo dicho, a pesar de que pueda resultar denso e igualmente aburrido, te envío este texto en el que espero pueda aunar aprecio, admiración e inteligencia ( de la cual voy corto)

 

Si hablo de la obra escrita, he de advertir que no voy a comentar las experiencias, impresiones y tu vida, ya que me parecería pretencioso, falto de respeto entrar en valoraciones sobre unos hechos tan íntimos como los que has relatado. No obstante, sí que me gustaría adentrarme en la forma  que toman tus poemas, el lenguaje estético, etc. 

 

Habiendo releído muchas de las partes para poder desgranar lo que para mí podrían ser las referencias, considero todo tu relato un orbe imperial, completa y perfecta como una esfera enjoyada. Un lenguaje urbano, con terminología del momento, con una bruma lorquiana que envuelve ciertos capítulos,  pero sin dejar atrás una cierta influencia modernista. 

 

En concreto la página 82, Procesión, es uno de los ejemplos que considero más cercanos a Lorca, su descaro y cercanía a la ambientación de la noche o pesar hispanos me hicieron recurrir a él en primer término. Por otra parte, la página 78, Amigo de las estrellas, se asemeja a los poemas de Delmira Agustini, de entre los que creo que Intruso puede ser válido para el caso.

 

Pero a quién podría asociar tu obra sin lugar a dudas sería a Charles Baudelaire en Las Flores del Mal. La tragedia que expiran tus palabras y la dramatización de tu escritura en busca del equilibrio final son muy similares al desarrollo de los poemas de Baudelaire. 

 

Si bien es cierto que se tratan de distintas luchas a las que se enfrentan tus lectores, al igual que los de Baudelaire, el sentimiento final ante el cual nos vemos atraídos como por una fuerza centrípeta, es igual de intensa. Según mi criterio, Trepadoras, es una genialidad intelectual al escribir sin pedanterías una sucesión de momentos a modo de enumeración con sinestesias, personificaciones, metáforas, anáforas, etc, lo que hace de este poema un digno descendiente de la influencia que Baudelaire ha ejercido en la literatura universal,

 

En relación a la prosa, me parece personal, íntima, resultando innovadora la forma con la que consigues que los lectores puedan entrever los hechos que no se narran en el libro, sin la necesidad de recurrir a un relato autobiográfico de manual. Y digo prosa pero debería denominarlo como prosa poética ya que desde el inicio me siento en el descubrimiento de una nueva dimensión a modo de un caleidoscopio.

 

A continuación me gustaría centrarme en el contenido artístico. 

 

En primer lugar, hay que destacar la capacidad de síntesis y creatividad para  que en una época de falta de héroes en las artes, aparezca de entre la multitud un revulsivo como lo eres tú. Me parece genial como aplicas al estilismo de las composiciones fotográficas la contemporaneidad, así como las referencias a otros periodos históricos.

 

Las líneas de las prendas seleccionadas según el pasaje que se habla, los complementos enmarcando las extensiones del texto, el volumen de las piezas de atrezzo, la paleta cromática extendiéndose de lo más intenso a la sobriedad, pasando por el mejor vestido que tenemos, nuestro propio cuerpo hacen del paquete una auténtica revolución estética.

 

A lo largo de las fotografías, he visto a Dalí, con su Leda Atómica, acompañada de La Madonna de Port Lligat. He vuelto a ver la versión actual de la Lamentación sobre el Cristo muerto de Andrea Mantegna. El decadentismo de los simbolistas de finales del 19, como Odilon Redon en su Mystical conversation. Botticelli en su plenitud, con su Primavera y Nacimiento de Venus. Jean Delville en El amor de las almas. Añadiendo a esta breve lista el toque de David Lachapelle en su trabajo de Lost + Found. 

 

Una genuina joya visual con la que poder caminar a lo largo de las tendencias en un contexto actual, fresco sobre un bagaje cultural propio ajeno a lo comercial. Sin olvidar el resto de factores que hacen de este libro, una pieza de coleccionista, el maquillaje es claro en su intención, sin pretensiones de cubrir el punto de atención. El tratamiento fotográfico es magistral, los efectos, loves y planos nutren a la composición sutilmente, sin interrumpir el discurso. 

 

Un esfuerzo de coordinación con el resto de profesionales con los que has trabajado que ha de ser reconocido por el público. 

 

Sin embargo, es un hecho que este trabajo no hubiera sido el mismo sin el diseño en la edición de Rito. La tipografía, maquetación, color, tacto, grosor de las páginas, organización de los contenidos es sencillamente perfecta para un trabajo como el tuyo y con una idea como la que querías transmitir como expones en el epílogo. 

 

En mi caso ha sido un Rito, ha llegado en un momento de cierta confusión en mi vida personal/profesional, no se trata de un camino tan espinoso como el que has tenido que atravesar pero supongo que cada uno vivimos nuestro drama de la misma forma aunque diferentes en la superficie.  Rito ha supuesto una gran incorporación a mi biblioteca al que recurriré constantemente al encontrar un contenido tan variado y fascinante. 


 

Un admirador 

“KOKO”

Beneharo F. Saavedra